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Jorge F. Méndez

Enviado por Jorge Mendez el 09/02/2010 a las 17:35
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Llegué a Chile por allá por marzo del ‘97. Luego de varios meses de paseo, elegí quedarme en este hermoso país, que tan bien me había recibido. Por tanto, acepté la oferta de trabajo de una gran señora amiga, Gerente General de un Courier Privado que muy generosamente me hizo. Después de un tiempo, lo que me sucedía recurrentemente era que cada vez que visitaba a un potencial cliente, la pregunta de rigor que todos me hacían al escuchar mi acento era: “¿usted es argentino?”. Mi respuesta siempre era la misma: “No, no lo soy, pero qué importa que lo sea o no”. La mayoría me replicaba: “compadre!!!, adelante.” Me llamaba muchísimo la atención la actitud de algunas personas de esa época (hoy afortunadamente ya no es así) ya que yo tenía muchos amigos argentinos y eran tan agradables y amables como cualquier otra persona de cualquier otra nacionalidad. En fin, el tema era que hasta me molestaba la pregunta, por tanto comencé a aprender y a entrenar palabras y modismos chilenos para que cuando estuviera en ese tipo de reuniones, nadie tuviera la ocasión ni siquiera de preguntar mi lugar de nacimiento. El tema fue que quienes fueron mis “maestros” en la mayoría de los modismos eran los mensajeros del Correo, con los que compartía muchas horas del día y de los que tenía la mejor opinión, ya que me ayudaban todo el tiempo a hacer mejor mi trabajo. Simplemente es que tenían una forma muy especial de hablar y eso me pasó la cuenta en varias ocasiones. Recuerdo que en una reunión con el Gerente General de una empresa muy importante veía la cara un poco desencajada del señor al escucharme decir: “Bueno, Don Rodríguez, yo le quiero contarle que nuestra empresa tiene cualquier caleta de servicios, somos la raja en lo que hacemos”.

Me considero un emprendedor. No siempre he tenido éxito en todo lo iniciado, pero todo me ha dejado un sin fin de lecciones. Tuve un restaurant, una tienda de decoraciones, una empresa de marketing, de fidelización y un call center. Trabajé como mensajero, gerente y profesor. Inventaba todo el tiempo negocios de pequeñas inversiones con el fin de solventarme, conocer gente y descubrir mi sentido. Tomaba cursos de todo tipo, entrenamientos teóricos y prácticos. Recorría el país en busca de oportunidades, conversaba con todos y todos siempre tenían algo bueno para mí. Desde ya hace años me dedico a dictar conferencias, seminarios y talleres en Chile y en otras partes del mundo, así como también al Coaching Personal, dirigido a ejecutivos y deportistas de élite. Este, es para mi, ¡¡el mejor trabajo del mundo!!.

Gracias gente de Chile por acogerme hasta el día de hoy, gracias por la familia hermosa que aquí formé, gracias por permitirme vivir entre ustedes, gracias por la generosidad y el cariño. Espero poder devolver toda la ternura haciendo lo que más me gusta.

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